miércoles, 3 de agosto de 2011

Capitulo-2

Fue caminando por el bosque, vio animales de todo tipo, lo que más le gustaba eran los conejos que movían su colita redondita.
Habían transcurrido una serie de horas y el estomago de Daisy empezó a rugir de hambre, paro en un árbol a las orillas del río que se acercaba a ella lentamente mientras preparaba dos bocadillos, uno para ella y otro para Cisco, suspiro por todo lo que le había pasado, ¿quien sería ese tal Lucas?, ¿qué quería de ella?, una rafaga de viento la envolvió con olores conocidos, el de los tulipanes y las amapolas. Daisy seguía sin darse cuenta que el río se acercaba cada vez más, le rozó las rodillas y pensando que solo era una coincidencia se separo de él, hasta llegar a otro pino lejos del río y empezó a comer el bocadillo de chocolate que había preparado, Cisco se lo termino pronto, ya que tenía la boca más grande que la de un humano. Cuando terminaron cogieron una fruta de un árbol y se la comieron, Daisy se la dio a Cisco ya que el no podía cogerla. Siguieron caminando, se estaba haciendo de noche y el sol se escondía detrás de Daisy dirigiéndose hacia las montañas y un hermoso atardecer aparecía detrás de ella, se giró y lo contempló con alucinación, nunca había visto unos colores tan hermoso, los rojos y amarillos se mezclaban con los últimos rayos del sol, el azul se volvía a la vez azul marino casi negro, haciéndose poco a poco de noche, pensó en todas las personas que lo estarían viendo, pero resultó ser la única persona que lo estaba viendo, ya que las demás personas estaban demasiado ocupadas con otras cosas mundanas. Daisy oyó varios ruidos de repente, dió una media vuelta y por un segundo se puso nerviosa, unas enormes casas estaban delante de ella y un camino negro con objetos móviles, Cisco la miró con cara de intriga, ella le miró y sonrió
-Ya hemos llegado Cisco. Ya hemos llegado.
Al fin habían llegado, Daisy divisaba una especie de torre de triángulos de color grisáceo, recordaba que Raúl le había dicho que había una torre enorme llamada le tour Eiffel.
Siguió caminando hasta entrar en la ciudad por una carretera de color negro con rayas continuas a los lados y discontinuas por el centro. Unas barras grises metálicas, en sentido horizontal, cerraban el paso a cualquier individuo que pasase por ahí y como no, Daisy estaba allí, asustada, no podía salir y no tenía ni idea de cómo había entrado, simplemente siguió caminando fijándose en la torre y que al cabo de un rato entró por un pasadizo de tierra hasta llegar al camino negro. Vio que los objetos móviles no dejaban de producir ruido por que ella les cerraba el paso, Daisy abrió mucho los ojos y se puso en las orillas por donde no pasaban los objetos móviles, caminó y caminó hasta que vio en un cartel “Autoroute de París”, autovía de París, no tenía ni idea de que significaba autovía, así que se encogió de hombros y siguió su camino hacia la gran ciudad, se dio cuenta de que el ambiente estaba más cargado y que casi ni había estrellas por unas farolas... (si sabía lo que eran unas farolas) que no le permitían ver las estrellas. Los objetos móviles, cada uno de un color diferente, se paraban delante de una caja rectangular amarilla con luces de colores, de esa caja salía un palo que giraba hacia la derecha acercándose a la acera hasta llegar al suelo y clavarse en él. Los colores eran: rojo, verde y amarillo que cuando, como por arte de magia, cambiaban de color, los objetos móviles hacían: si se ponía verde continuaban, si se ponía amarillo iban muy rápido para poder pasar, casi todos lo conseguían y si se ponía rojo paraban y cuando esto ocurría un grupo de personas cruzaban por encima de un paso que estaba pintado por encima del camino, alternaba los colores: negro y blanco, pasaban por delante de los objetos móviles y por debajo de la caja rectangular. Daisy no entendía por que, Cisco miraba de un lado a otro viendo como grupos de personas e individuales caminaba muy rápido sin parar. Daisy por un momento se le había olvidado que tenía que llamar a Lucas y muy despacio y tartamudeando dijo.
-¿Lu…cas?
En ese mismo instante un niño que era más o menos de su altura, de ojos azules color cielo, de pelo de color miel y corto y la piel morena, se le acercó sonriendo, de no se sabía donde, tenía en los dientes un aparato raro que Daisy no distinguía de que color era, solo que brillaba mucho. Él chico llevaba puesto una chaqueta con capucha azul, unos pantalones azules vaqueros y a su espalda llevaba una mochila de color rojo, parecía un chico normal y corriente, o al menos lo aparentaba.
-Perdón, ¿tú eres Lucas?-Dijo Daisy, mientras él hacía una pompa de una especie de mezcla muy pegajosa, azul. Le exploto en la cara, Daisy se rió ya que le cubrió toda la nariz y volvió a coger la mezcla pegajosa con la lengua, mastico un poco y le dijo:
-Si soy yo y tu eres Daisy ¿no?-Dijo sonriente-¿Ya leíste la carta?
-Si ya he leído la carta y no me parece normal lo que has hecho.-Dijo Daisy mirándolo desafiante, le daba igual lo que hubiese puesto en la carta, quería respuestas.
El se rió sin sentido y seguidamente se puso serio ¿por qué se reía?,¿qué tenía de gracioso todo aquello?,¿cómo podía pasar de reírse a estar serio?
-Bien, vamos a mi casa, te presentare a mi familia, y de paso te dejo sitio para dormir.- Le dijo con una sonrisa pícara, la cogió del brazo y la arrastró a la fuerza por la calle. Ella se resistía, pero él tenía mucha más fuerza.
Entraron por un túnel y pararon delante de una especie de serpiente gigante con unos colores blancos y verdes con un conjunto de cristales donde también había unas puertas mecánicas de cristal que se abrían para dejar paso a la gente. Daisy no quería entrar por miedo a que se cerrasen cuando pasase.
-¿Qué es esto?-Pregunto ella con intriga y con miedo, ella le miro y vio a Lucas sonreír.
-Se llama metro y supongo que te preguntaras que son esos objetos móviles. Son coches, no se si te habrás fijado, pero tienen ruedas y son inofensivos, sirven para transportar a la gente de un lugar a otro ya lo entenderás.-Dijo. A Daisy le había fastidiado que le hubiese dicho eso de las ruedas, claro que las veía, ¿acaso estaba ciega?. Se montaron en el metro a Daisy le dio miedo pasar por aquellas puertas. Lucas pasó como si nada y Daisy fue detrás de él casi corriendo, se oyó un pitido y el metro empezó a moverse, Daisy se asustó, veía pasar las luces del túnel muy rápido. Se quitó la mochila y vio a Cisco metida en ella, no podían dejar entrar a animales así que Lucas le dijo que lo metiese en la mochila y dejase un agujero para que pudiese respirar.
<<Calle Rue de Saint-Martin, por favor, que los pasajeros de este destino bajen>>
Lucas la agarró con fuerza y la llevó lejos de la estación pasando por un túnel parecido a otro, solo que era un lugar distinto, no había las mismas calles, se habían movido a otro lugar, era extraño. Daisy vio a lo lejos a un grupo de personas que llevaban ropas demasiado grandes para ellos, también llevaban gorras y gafas negras, <<¿Gafas negras>> pensó Daisy. También enseñaban los calzoncillos bajando los pantalones hasta las nalgas y apretados con un cinturón para que no les callese. Estaban haciendo movimientos por el suelo al son de la música, Daisy enarcó las cejas.
-A eso se le llama hip-hop.-Dijo mirándoles con una pizca de anhelo y empatía. La miró al cabo de un rato y le sonrió, la cogió de la mano y la llevo hacia la derecha hasta llegar a un piso enorme con millones de plantas, o al menos eso le parecía a Daisy, de color marrón. Se acercaron a un porta rectangular con una puerta de cristal por la cual podías ver todo el pasillo. Lucas fue caminando hasta ponerse delante de un marcador cuadrado con muchos botones y calco el 6ºB y se oyó música y después...
-Hombre esta es Daisy, Lucas nos ha hablado mucho de ti. Según nos contó mi padre no te dejaba venir aquí ¿verdad?, bueno lo importante es que estés aquí.-Dijo la voz de un hombre, se oyó una especie de golpe en la puerta y Lucas la abrió, <<¿Cómo lo habrá hecho?>>pensó. Le hizo un gesto para que pasase primero y ella sonrió y pasó. La condució hasta un aparato rectangular gris.
-Se llama ascensor, lo utiliza la gente para no tener que bajar las escaleras, es práctico para la gente que vive en plantas altas y la gente discapacitada.- Dijo mientras picaba en un botón y esté se iluminaba, empezó a oírse ruido y Daisy empezó a abrir más los ojos cuando las puertas se abrieron, Lucas le miro y se subió en él, Daisy hizo el ademán de seguirle, pero seguía teniéndole miedo a esas puerta, se lanzó corriendo a dentro y Lucas rió. Calco un botón que ponía 6, había hasta el 8. El ascensor subió, al momento, paró y salieron los dos del ascensor. Un hombre fuerte, bajito, sin pelo, ojos azules, y con barba les esperaba junto a la puerta, sonriente, la misma sonrisa que Lucas, caminó hacia ellos y le dio un beso a Daisy, ella no tuvo más remedio que emitir un sonido de queja por la barba. Entraron en la casa y vio a una señora que le parecía hermosa, como Daisy se suponía, era su madre. Era alta, con el pelo color miel como el de Lucas y largo como el de Daisy, ojos negros como el carbón, y era mas bien delgaducha. Su hermano pequeño que le parecía tonto por que estaba viendo en una caja cuadrada con unos dibujos moviéndose y cantando que no dejaban de decir tonterías, él niño estaba sentado en un sillón azul de lunares pequeños negros, era todo lo contrario que Lucas pelo marrón algo largo, ojos verdes color botella, muy gordito y algo maleducado por que cuando Daisy entro en la sala de estar le dijo.
-Joder ¿Quién eres? ¿por qué estas aquí? Me he perdido lo que ha dicho Wanda a Timmy seguro que era algo importante. Maldita sea joder.-Dijo el mientras el padre se le acercaba al sillón, al terminar de hablar el padre le quito la televisión y le mando a su habitación sin cenar, el niño empezó a llorar.
-Pero, ¿qué pasa? ¿Por qué le ha castigado?-Dijo Daisy asustada.
-Algunas palabras que ha dicho son palabrotas, es decir, son palabras que insultan a personas. Te acaba de insultar Daisy.-Dijo Lucas con los ojos centellenates.-Ahora ven conmigo que te enseño la casa y luego ya veremos lo que hacemos contigo.
Le llevo por un pasillo con una alfombra muy larga, tenía muchos cuadros, con familiares de Lucas y también una foto muy grande de un perro de color marrón, ojos verdes y el pelaje que había alrededor de un ojo era de color blanco mientras todo su cuerpo era negro, Cisco, que ya había salido de la mochila se acercó al cuadro y empezó a ladrar, como si le tuviese miedo.
-¡Cisco! ¿Qué te pasa? Nunca te has portado así.-Le dijo Daisy intentando tranquilizarle, pero al no parar le grito:
-¡Basta!.
Cisco bajo las orejas y se puso a hacer ruidos de queja, Lucas le cogió en brazos y le acercó al cuadro, Cisco cuando vio que le acercaba al cuadro empezó a ladradar de nuevo y a temblar de miedo.
Daisy muy preocupada le tiro a Lucas del brazo, aunque no consiguió moverle, lo intentó.
-¡Déjale! No ves que tiene miedo. ¿Por qué le acercas al cuadro si ya sabes que le teme?-Dijo Daisy gritándole. El gimió, negó con la cabeza y dejo a Cisco en el suelo, miro a Daisy echándole una mirada desafiante y al cabo de un rato le dedico una sonrisa, su sonrisa.
-Tranquila este perro que hay aquí es su madre y le ladra por que murió cuando el era solo un cachorro-dijo Lucas mirando al pobre Cisco que aun seguía temblando <<¿Por qué temblara?>> y como si Lucas le hubiese leido los pensamientos dijo
-Cuando estaba con su madre le pegaba y un día Raúl decidió cogerlo por que no aguantaba verlo así.
<<¿Qué esta pasando aquí? Es demasiada información en un día, osea que Raúl cogió a Cisco cuando era un cachorro, y encima Lucas estaba con el cuando eso, ¡esto no hay quien lo entienda!>> Pensaba Daisy dándole vueltas a la cabeza. Lucas la miro interrogante y le llevo por un pasillo donde había tres habitaciones una para el, otra para sus padres y la ultima y un poco mas desordenada la de su hermano pequeño. Entraron en la habitación de Lucas, Daisy vio que sus paredes eran de color azul cielo, su cama era bastante grande, el edredón era de color azul con raya negras. En la habitación había tres armarios uno para la ropa, otro para lo juguetes y otro para los abrigos, su habitación no era para nada desordenada, <<vendrá de familia>>pensó Daisy mientras cogía un osito de peluche de color blanco con una cinta marrón en forma de lazo, le parecía muy gracioso y no supo por que pero le daba ganas de abrazarlo.
-Vengo enseguida tengo que hacer una llamada.-Dijo Lucas mientras salía por la puerta, Daisy jugaba con el peluche que tenía en brazos. Al cabo de un rato vio a Lucas por detrás de la puerta medio cerrada hablando por un aparato muy extraño de color negro de forma rectangular y alargada.
-Si el director del instituto Cervantes…vale...-Decía Lucas mientras otro sonido del aparato respondía a lo que decía, no se entendía muy bien pero se sabía que eran palabras-…disculpe director…si ya ha llegado…vale mañana como empezamos el segundo trimestre valdrá ¿no?…va a estar en mi clase ¿no?... vale señor director…adiós.-Dijo mientras colocó el aparato en una especie de soporte que lo sujetaba, también negro. Se dirigió hacia Daisy.
-Mañana vas a venir conmigo a un sitio que se llama instituto en el aprendemos cosas de ahora, por ejemplo, cultura, naturaleza, música, idiomas…vas a conocer a gente a si que hoy vas a venir conmigo y con mi madre a comprar los libros y ropa.-Dijo Lucas mirándola con unos ojos que Daisy no pudo decir que no. Cogió una mochila, le enseño a Daisy como eran los libros y de que iban cada uno de ellos.
-Tienes suerte, empezamos el segundo trimestre en el colegio a si que no pasa nada llegaras como una niña normal corriente solo que con edad mental baja.-Dijo Lucas empezando a reír a carcajadas. A Daisy no le gusto como le hablo de ella por que sabía sumar, restar, leer y cuando Raúl murió estaba empezando a saber cosas sobre dividir, multiplicar y números enteros. <<Ya vera, a lo mejor soy más lista que el>> pensaba Daisy mirándole con cara de darle una colleja y que cerrase esa bocaza que tenía. Al momento la madre entro en su cuarto.
-Lucas, ¿ya has llamado al director?-Dijo la madre con un bolso negro.
-Si, ya le he llamado dice que vaya preparando las cosas para mañana -dijo mirando a Daisy con cara de interesado- hay que ir a comprar cosas para Daisy, no puede ir como una campesina.-Dijo,<<¿Campesina? ¡Si llevo ropa normal!>> Daisy se enfadó, estaba furiosa y una ráfaga de viento entro por una ventana abierta, mientras la madre la cogía a ella y a Lucas y se dirigía hacia la puerta.
-Mira Lucas me estas hartando, ya se que no he estado aquí desde pequeña, pero, tu abuelo me a enseñado cosas ¿sabes? al menos se leer, sumar, restar, escribir y justo cuando tu le mataste me estaba enseñando a multiplicar y dividir.-Dijo Daisy eufórica. Lucas se empezó a reír a carcajadas otra vez, le encantaba su sonrisa pero no su risa. Lucas cogió unas llaves, la madre abrió la puerta y salieron fuera, Daisy vio el ascensor y calcó “le bouton d'appel”, es decir, el botón de llamada.

martes, 2 de agosto de 2011

Capítulo.1

No en París no, un poco más a la derecha, no, no tan lejos, mira ese pequeño bosque donde corretean los cervatillos y donde los conejos comen unos frutos rojos exquisitos, donde un río de aguas mansas fluye a través de aquellos rocajes. Mira un poco hacia tu izquierda, si, si, justo hay, esa casa de troncos de madera antigua, acércate un poco más, ¡lo ves!, esa niña de unos trece años que mira al horizonte, donde el sol ya se esconde y dice adios con sus últimos rayos escondidos entre las montañas llenas de nieve, a su derecha la niña puede ver una gran arboleda que en su interior estaba recorrida por un manso río, a su izquierda un gran campo de fresca hierba rociada por una llovizna repentina, la chica llevaba un vestido corto con medias y un abrigo con capucha, aunque viviese alejada de la tecnología tenía ropa… Cuando se dio cuenta estaba perdida en sus pensamientos: de poder salir de ahí, disfrutar de lo que hay en el mundo… Pues esa niña se llama Daisy, vive con un amigo de sus padres, que al morir ellos, le dijeron a Daisy que debía ir con él. Su vida consta de leer, jugar, vivir aventuras imaginarias... pero le gustaría tener una aventura de verdad, como en sus libros, en los cuales los chicos flirtean con las chicas, hay criaturas extraordinarias y demás cosas... Aunque estuviese lejos de cualquier ciudad, en su corazón siempre había una esperanza muy grande.
-Daisy, es hora de cenar.-Dijo su amigo, Raúl. Daisy se asusto y afirmo con la cabeza, se levanto lentamente y entró en la casa, la puerta era de madera, era de eucalipto. Al entrar podía ver una enorme alfombra roja con dibujos extraños, más o menos como flores, de diferentes colores, las paredes estaban echas de madera oscura, Daisy siempre pensó que era de ébano, tenía colgados unos cuadros pintados por Raúl y unos preciosos muebles de color crema. Giró hacia la derecha y entró en la cocina, era de color blanco, tenía muebles blancos, todos ellos tallados a madera, a Raúl siempre le había fascinado el mundo de la madera, Daisy no lo veía tan extraordinario. Un perro negro se acercó a Daisy, ella le acarició y le dio una galleta que había encima de la mesa, le sonrió y se sentó en una silla.
-¿Qué hay hoy para cenar?-Pregunto Daisy con intriga ya que no olía a nada excepto a chocolate, Raúl se giro, tenía una sonrisa de oreja a oreja que ha Daisy le dejo con sospechas de algo, le entrego un trozo de pastel de chocolate.
-Toma, hoy no me apetecía hacer nada a si que me dije, ¿por que no le hago un pastel?
Daisy se encogió de hombros y empezó a comer, estaba buenísimo. Daisy es una niña hermosa con unos ojos verdes amarronados, pelo castaño y largo.
Raúl es un señor viejo de unos setenta años, tenía una larga barba blanca junto con su pelo también largo y blanco, siempre lleva consigo un colgante de un ángel gris, tiene puesto una bata blanca con sus zapatos blancos y sus pantalones blancos, casi siempre llevaba un blanco reluciente, Daisy no sabía como no se manchaba, ya que ella nada más ponerse blanco se manachaba.
El perro se llama Cisco es un Chow-Chow de ojos azules y pelaje negro, le encanta la fruta y las galletas, el chocolate le chifla.
Después de terminar de comer la tarta Daisy se fue a la cama con Cisco pisándole los talones, subió las escaleras y se encamino hacia su cuarto, la casa no era tan grande como aparentaba por fuera. Tenía una cocina y un salón enorme en la planta de abajo, arriba dos baños y dos habitaciones una para Daisy y otra para Raúl.
-Me voy ya a acostar, no me apetece leer.-Gritó Daisy desde arriba, no hubo respuesta ya que Raúl estaba fregando. Cuando era pequeña, hace mucho tiempo, su padre le había enseñado como se abría un grifo, le encantaba el recuerdo de un hombre cogiendo su mano , abriéndola y haciéndola empuñar una tuerca. Lo que más odiaba Daisy es que no recordaba su cara.
Minutos después cuando Daisy ya estaba medio dormida oyó un ruido, un golpe y un grito de un hombre, un grito de dolor. Bajó corriendo por las escaleras con un libro en la mano, por si acaso, había alguien aparte de Cisco, Raúl y ella. Cisco iba pegado a ella, gimoteando.
Llegaron abajo y vieron a un chico de pelo rubio al que no le distinguió la cara, que nada más verlos se fue corriendo, tirándose por la ventana.
Daisy se fue a la cocina y encima de la mesa estaba Raúl con una espada clavada en el pecho, la sangre salía a borbotones de la herida, Daisy se la arrancó. Comenzó a llorar en bajito, después fue aumentando el volumen hasta que se dio cuenta de que había dos cartas encima de la mesa. Cogió una aun llorando, se fue calmado más y más cuando vio que esa carta era de Raúl. Entonces la otra era de… La miró. Era de un tal Lucas, no sabía quien podría ser a si que, muerta de intriga la leyó:
Querida Daisy:
Hola, supongo que no me conocerás pero yo a ti sí. Me llamo Lucas Strauss Patoste y vengo a sacarte de este lugar, pero no puedo por que está mi abuelo. A sí que vete por el bosque hasta llegar a una enorme ciudad. Cuando estés ahí dentro dí solamente Lucas y yo acudiré a ti.
Besos.
Lucas.
P.D.: Lo siento por lo de mi abuelo me atacó y yo me defendí con lo único que llevaba encima, estoy bastante enfadado, frustrado y triste, a si que, no me lo comentes cuando llegues a la ciudad.
¿Él lo había matado? ¿Por qué? Parecía disgustado pero nunca había que hacerle caso a un desconocido, según le había dicho Raúl “No hagas caso a personas desconocidas” Daisy había pensado en quien iban a ser esas personas si no conocía a nadie más a parte de Raúl y Cisco. <<Bueno ahora toca la de Raúl>> pensó.
Querida Daisy:
Mi amor, espero que no llores por mi, quería que me matasen ya, aunque mi nieto no, la verdad. Mira Daisy haz caso a Lucas, él te ayudará a sobrevivir en la gran ciudad, ya la conocerás es magnífica. Ahora solo quiero que cojas una mochila y que pongas tus pertenencias, va a ser un viaje muy largo y cansado, no tenemos caballos ni burros de carga, pero lleva lo esencial y también quiero que lleves otra cosa mía, vete a mi habitación, debajo de la almohada encontrarás una llave, abre mi baúl y coge el trébol, las tres brujitas y, sobre todo, una foto en la que salimos tu y yo.
Te quiere.
Raúl.
¿Cuándo habría escrito esta carta? ¿Cómo la había escrito si estaba muerto? Daisy ateniéndose a la idea de que sabía que iba a morir comenzó a llorar otra vez, no soportaba verle muerto y menos que le hubiese escrito aquella carta tan bonita. Subió las escaleras aun llorando, llego al piso de arriba cogió una mochila la lleno de sus libros favoritos, ropa y lo que Raúl le había ordenado. Cogió comida para el viaje, y agua aunque sabía que no la iba a necesitar.
Bajo abajo y se dispuso a salir cuando le dio un escalofrío, se le había olvidado algo, ¡LAS BRUJITAS! Subió corriendo por las escaleras y las encontró encima de la cama, sonrió y se las metió en el bolsillo.
Estaba ya saliendo por la puerta, la cerro y miro a Cisco con un brillo especial en los ojos.


Espero que os guste mi primer capítulo, comentad por favor....