Al despertarse Daisy parpadeo unas cuantas veces, al cabo de un rato se dio cuenta de que Lucas la estaba observando fijamente como quien mira a una mosca moverse, Daisy dio un pequeño chillido al verle tan tranquilo y sereno.
-¿Por qué me miras?-Dijo Daisy intentando peinarse su pelo alborotado que, al dar vueltas, se le despeinaba, Lucas sonrió al fin y Daisy se relajo un tanto.
-Será por que no estoy acostumbrado a ver chicas en mi cuarto.-Dijo encogiéndose de hombros, ella se levanto lentamente de la cama, le dolía la cabeza y notaba los ojos cansados <<¿Qué hora será?>> se preguntaba Daisy, Lucas tenía razón, la próxima vez no leerá tanto, lo que tampoco entendía es como es estaba tan despierto.-Venga rápido, vístete, desayuna, lávate la cara y los dientes. Que si no llegaremos tarde.
Ella le miró desde abajo arriba, cuando llego a sus ojos parecían más azules de lo normal, no le dio importancia. Lucas se giró y le dijo
-Hoy hay gimnasia así que ponte un chándal, pero no tardes.-Le dijo saliendo por la puerta. Daisy estuvo unos segundos pensando, abrió la persiana y vio el tiempo, una fuerte cortina de lluvia caía rápidamente, como si tuviese prisa por algo. Se dirigió al armario, era blanco entero y los pomos eran de un color marrón caqui chillón, lo abrió y miro dentro, tenia muy pocas cosas aunque se decidió por un chándal blanco y con letras, en el cual ponía: “Roxy” y debajo:”always original” Daisy le había preguntado a Lucas que significaba y él le había dicho que era inglés y que significaba “Roxy, siempre original”, le explicó que ellos hablaban una lengua que es el francés y que él sabía hablar español e inglés ya que Esther era Asturiana y el inglés se aprendía en el colegio, Lucas le enseño como se decía “hola”, “adiós”, “buenos días” y “buenas tardes” le pareció fácil y le dijo a Lucas que un día seguirían con las clases. La sudadera tenía un estampado de colores llamativos rosa y naranja, también tenía flores blancas. Miro bien que pantalón se ponía, aunque la verdad no sabía cual. Al final se decidió por uno negro y con rayas blancas a los dos lados de la marca adidas y unas Vans negras, <<Esta familia no debe de estar acostumbrada a tener poca ropa, y menos de marca>>pensaba ella a cada poco. Salio y vio a Lucas apagando y encendiendo las luces como cualquier niño pequeño aburrido.
-¿Qué haces?-Dijo Daisy mirándole extrañada. Lucas volvió a encender la luz miro a Daisy y le dijo.
-Estas mucho mejor así, te queda muy bien esa sudadera. Lo de la luz es que me aburría mucho y siempre me gustó hacer esto por que es increíble lo rápido que va.-Daisy se empezó a sonrojar cuando le dijo que le quedaba bien, él movió la mano haciendo una reverencia para que pasase a la cocina, ella acepto con la cabeza y entró.
La cocina era un lugar pequeño con azulejos blancos y puntos negros, los armarios eran de un color beis que, como pudo ver Daisy, antes habían sido blancos, la nevera era del mismo color y lo mismo todos los electrodoméstico que había a su alrededor, en la mesa, del mismo color que los armarios, le esperaba el desayuno, dos tostadas con mermelada a lado y un bote que traía Cola-Cao. Daisy se quedo extrañada al ver ese bote, lo abrió y vio polvo marrón con algunos grumos en el interior acercó la nariz al bote olió y empezó a estornudar sin control, cuando termino, el pañuelo donde estornudaba, en vez de tener mocos, tenía chocolate. Lucas la miró, miro al cola cao, la volvió a mirar, y miro al cola cao.
-¿Qué haces?-Le pregunto Lucas riéndose ya que le preguntó la misma pregunta que ella, le echó tres cucharadas de cola cao y le puso mermelada a las tostadas, ella sonrió y se encogió de hombros.
-Quería saber como olía.- Dijo Daisy que miro hacia la puerta de la cocina, era marrón clarito y con vetas, en el medio tenía un cristal que ocupaba la mitad de la puerta, era translucido, es decir que dejaba pasar la luz pero no ver a la persona que había detrás de él.
Cuando terminó Lucas le dijo que tenía que peinarse y lavarse los dientes, los dos se los lavaron a la vez, pero cuando llego la hora de peinarse Lucas no le dejaba el cepillo.
-Tengo que ir bien al instituto.-Le dijo Lucas con el cepillo en la mano, por la parte del mango, ya que era muy grande, Daisy podía sujetarla por el otro extremo, los dos tiraban con fuerza.
-Bien, tu primero ¿vale?, pero luego me toca a mi que yo soy una chica y yo también tengo derecho a peinarme.-Dijo Daisy indiferente.
Los dos estaban listos para irse, bien peinados y arreglados. Lucas, le dio una mochila que sujeto bien para que cuando metiera los libros no se desplomase en el suelo, pero la verdad no le hizo mucha falta ya que Daisy nada más meterlos calló al suelo. Lucas puso los ojos en blanco y le cogió la mano para ayudarla a levantarse, salieron de casa y esta vez Lucas no la dejó pasar primero, <<¿Estará enfadado?>>pensó Daisy triste, el se giró y la sonrió como si respondiese a su pregunta, ella sonrió y se puso a su lado dirigiéndose al instituto.
Al llegar entraron por una puerta gris, enorme y pasaron a un enorme pasillo con montones de cuadros y libros en estructuras de cristal, a Daisy le parecieron pájaros enjaulados que no podían ser libres, subieron por una escalera gris de piedra, hasta que llegaron al octavo piso no pararon, Daisy estaba agotada y se dio cuanta, al cabo de un momento que todo el mundo la miraba, era el centro de atención. Daisy veía un montó de ojos mirándola y con caras de sombro, todos susurraban palabras incomprensibles, le parecía que la trataban como a una persona distinta, una persona que no pintaba nada allí. Lucas estaba delante de ella dirigiéndola hacia su nueva clase.
Cuando estaban desayunando Lucas había oído a Esther y a Eduardo que quizá vendían a Cisco, Lucas se lo había dicho y Daisy se enfado, empezó a gritar a Lucas, ahora que lo pensaba Daisy, ¿estaría Lucas enfadado por haberle gritado? Esperaba que no. Al entrar por la puerta las personas que estaban hablando se callaron, mirando a Daisy igual que los otros, con cara de pocos amigos.
-¡La nueva!-Gritó una niña desde el final de la clase, entonces todo el mundo empezó a cuchichear cosas.
A Daisy le dolía la cabeza, estaba cansada y no quería oír ruidos. Resoplo al ver que la mañana sería así, nada más que sopló una fuerte ráfaga de viento entró por una ventana abierta e hizo que una niña gritase, si no hubiese gritado la gente seguiría pendiente de Daisy, pero como grito la gente empezó a reírse y a señalarla sin hacer ni el más mínimo caso a Daisy. Lucas la agarró lo antes que pudo para sacarla de allí.
-No vuelvas a hacer eso.-Dijo el con una voz increíblemente fuerte.
-¿Hacer qué?- Dijo Daisy extrañada y antes de que Lucas pudiese decir nada una señora vieja entró en la clase y gritó.
-¡Todo el mundo sentado!
Nada más decir esas cuatro cosas todas las personas de la clase se sentaron corriendo excepto Daisy que miro hacia todas partes y solo vio a Lucas estar a su lado, como un perro guardián que protege a su ama. La señora se acarició su pelo canoso, miró a Lucas, frunció el ceño y le dijo.
-Lucas Strauss Patoste, ¿quién es esta señorita que esta aquí de pie? ¿Y tu que haces con ella?-Dijo mientras miraba a Daisy de arriba a bajo, Daisy la miro sonriente hasta que la señora puso cara de malos amigos ella se asustó.
-Pues… lo que pasa es que es la niña nueva y esta viviendo en mi casa…-Dijo Lucas entrecortado ya que empezaron a silbar y a tirar besos al aire él les echó a todos una mirada desafiante, ellos le miraron a él hasta que la profesora se interpuso entre estos y dijo:
-Si, si, si. No hace falta tantos detalles, y ¿Cuáles son tus apellidos?
Daisy la miró y se encogió de hombros y dijo.
-No tengo apellidos, no se quienes son mis padre, murieron cuando yo era pequeña.
La profesora la miro, levanto las cejas. A Daisy le daban miedo sus ojos eran un azul tan claro como el cielo, su pelo era rubio teñido, mas o menos alta y muy delgada.
-Pobrecita, no tiene padres...-Dijo una niña con el pelo largo y rojo amanecer, sus ojos eran azules y con toques marrones y era algo obesa.
-No me gusta que se compadezcan de mi, no tengo ninguna lesión, solo soy huérfana y eso no cambia nada-Le dijo Daisy muy malhumorada.
-Bueno, yo voy a salir para hablar con los padres de Lucas, enseguida vengo, vosotros dos quedaos donde estáis y no os mováis.-Dijo la profesora saliendo ya por la puerta y señalando a Lucas y a Daisy.
Paso un rato hasta que la profesora llego se le veía muy contenta.
-Lucas y Daisy, cuando he hablado con sus padres-señalo a Lucas- me han dicho que os vais a ir a España a vivir, en concreto a Asturias, a su padre- volvió a señalar a Lucas- le han dado un trabajo allí, menos mal que sabes bien español Lucas, tendrás que ir aprendiendo a Daisy español, animo señorita, no es tan difícil-Dijo la profesora, Lucas tenía la boca abierta, lo suficientemente abierta como para que le entrasen treinta moscas. Daisy no sabía donde se encontraba eso, ni sabía donde estaba ella, ni sabía lo que era un avión, ni sabía que era el español a si que no se emociono tanto como Lucas.
Al coger sus cosas se despidieron de Lucas, era muy raro para Daisy ya que a las chicas les daba un beso en la mejilla y a los chicos les daba en el hombro con el puño cerrado, Daisy había leído un libro sobre antropología y según decían, en nivel antropológico, significaba desaprobación, pero con la palma estirada, aprobación. Cuando iban bajando las escaleras Daisy le pregunto.
-¿Por qué a las chicas les das un beso y a los chicos les desapruebas?-Le dijo Daisy mientras Lucas le miraba con una cara de “que me esta contando”.
-¡Ah!-Dijo al comprender lo que significaba, le dedico una sonrisa y levantó el dedo índice y fue explicando el porque- Porque las chicas son damas y son muy débiles y según hace tiempo, los hombres no les pegaban simplemente las respetaban, en cambio los hombres, los unos a los otros, siempre se han pegado. ¿Por qué has dicho lo de desaprobación? ¿Qué es que tienes celos por que bese a las demás chicas y a ti no?-Le dijo con una sonrisita torcida.
-No tiene por que, me refiero a lo de las chicas, no tiene por que una chica ser más fuerte que un chico, seguramente había chicas fuertes, solo que no lo decían y decía que a nivel antropológico, pegarse con la mano cerrada, significa desaprobación, pero con la mano extendida, aprobación. Y no tengo celos, lo que tengo es pena por las chicas, que no a ver más.-Dijo mientras seguía a Lucas, bajaban las mismas escaleras, ya se iba aprendiendo el instituto y no era tan grande como ella pensaba.
Lucas hizo una mueca de disgusto, ella le dio unas palmadas en la espalda, el la miro y sonrió la rodeo por los hombro y le dio un abrazo corto. Salieron por la misma puerta y Daisy pudo distinguir el coche que los había traído durante el camino y también distinguió la cabeza calva de Eduardo
-¿Estáis listos?- Dijo el con una sonrisa en la cara, Daisy montó y luego montó Lucas, esta vez más separada de ella. Al acercarse por el piso, en la parte de atrás había un enorme cartel donde ponía:
“ADIOS LUCAS, ESPERO QUE NO TE PASE NADA EN ESPAÑA, CUIDATE”