miércoles, 2 de noviembre de 2011

Capítulo-4

Al despertarse Daisy parpadeo unas cuantas veces, al cabo de un rato se dio cuenta de que Lucas la estaba observando fijamente como quien mira a una mosca moverse, Daisy dio un pequeño chillido al verle tan tranquilo y sereno.
-¿Por qué me miras?-Dijo Daisy intentando peinarse su pelo alborotado que, al dar vueltas, se le despeinaba, Lucas sonrió al fin y Daisy se relajo un tanto.
-Será por que no estoy acostumbrado a ver chicas en mi cuarto.-Dijo encogiéndose de hombros, ella se levanto lentamente de la cama, le dolía la cabeza y notaba los ojos cansados <<¿Qué hora será?>> se preguntaba Daisy, Lucas tenía razón, la próxima vez no leerá tanto, lo que tampoco entendía es como es estaba tan despierto.-Venga rápido, vístete, desayuna, lávate la cara y los dientes. Que si no llegaremos tarde.
Ella le miró desde abajo arriba, cuando llego a sus ojos parecían más azules de lo normal, no le dio importancia. Lucas se giró y le dijo
-Hoy hay gimnasia así que ponte un chándal, pero no tardes.-Le dijo saliendo por la puerta. Daisy estuvo unos segundos pensando, abrió la persiana y vio el tiempo, una fuerte cortina de lluvia caía rápidamente, como si tuviese prisa por algo. Se dirigió al armario, era blanco entero y los pomos eran de un color marrón caqui chillón, lo abrió y miro dentro, tenia muy pocas cosas aunque se decidió por un chándal blanco y con letras, en el cual ponía: “Roxy” y debajo:”always original” Daisy le había preguntado a Lucas que significaba y él le había dicho que era inglés y que significaba “Roxy, siempre original”, le explicó que ellos hablaban una lengua que es el francés y que él sabía hablar español e inglés ya que Esther era Asturiana y el inglés se aprendía en el colegio, Lucas le enseño como se decía “hola”, “adiós”, “buenos días” y “buenas tardes” le pareció fácil y le dijo a Lucas que un día seguirían con las clases. La sudadera tenía un estampado de colores llamativos rosa y naranja, también tenía flores blancas. Miro bien que pantalón se ponía, aunque la verdad no sabía cual. Al final se decidió por uno negro y con rayas blancas a los dos lados de la marca adidas y unas Vans negras, <<Esta familia no debe de estar acostumbrada a tener poca ropa, y menos de marca>>pensaba ella a cada poco. Salio y vio a Lucas apagando y encendiendo las luces como cualquier niño pequeño aburrido.
-¿Qué haces?-Dijo Daisy mirándole extrañada. Lucas volvió a encender la luz miro a Daisy y le dijo.
-Estas mucho mejor así, te queda muy bien esa sudadera. Lo de la luz es que me aburría mucho y siempre me gustó hacer esto por que es increíble lo rápido que va.-Daisy se empezó a sonrojar cuando le dijo que le quedaba bien, él movió la mano haciendo una reverencia para que pasase a la cocina, ella acepto con la cabeza y entró.
La cocina era un lugar pequeño con azulejos blancos y puntos negros, los armarios eran de un color beis que, como pudo ver Daisy, antes habían sido blancos, la nevera era del mismo color y lo mismo todos los electrodoméstico que había a su alrededor, en la mesa, del mismo color que los armarios, le esperaba el desayuno, dos tostadas con mermelada a lado y un bote que traía Cola-Cao. Daisy se quedo extrañada al ver ese bote, lo abrió y vio polvo marrón con algunos grumos en el interior acercó la nariz al bote olió y empezó a estornudar sin control, cuando termino, el pañuelo donde estornudaba, en vez de tener mocos, tenía chocolate. Lucas la miró, miro al cola cao, la volvió a mirar, y miro al cola cao.
-¿Qué haces?-Le pregunto Lucas riéndose ya que le preguntó la misma pregunta que ella, le echó tres cucharadas de cola cao y le puso mermelada a las tostadas, ella sonrió y se encogió de hombros.
-Quería saber como olía.- Dijo Daisy que miro hacia la puerta de la cocina, era marrón clarito y con vetas, en el medio tenía un cristal que ocupaba la mitad de la puerta, era translucido, es decir que dejaba pasar la luz pero no ver a la persona que había detrás de él.

Cuando terminó Lucas le dijo que tenía que peinarse y lavarse los dientes, los dos se los lavaron a la vez, pero cuando llego la hora de peinarse Lucas no le dejaba el cepillo.
-Tengo que ir bien al instituto.-Le dijo Lucas con el cepillo en la mano, por la parte del mango, ya que era muy grande, Daisy podía sujetarla por el otro extremo, los dos tiraban con fuerza.
-Bien, tu primero ¿vale?, pero luego me toca a mi que yo soy una chica y yo también tengo derecho a peinarme.-Dijo Daisy indiferente.
Los dos estaban listos para irse, bien peinados y arreglados. Lucas, le dio una mochila que sujeto bien para que cuando metiera los libros no se desplomase en el suelo, pero la verdad no le hizo mucha falta ya que Daisy nada más meterlos calló al suelo. Lucas puso los ojos en blanco y le cogió la mano para ayudarla a levantarse, salieron de casa y esta vez Lucas no la dejó pasar primero, <<¿Estará enfadado?>>pensó Daisy triste, el se giró y la sonrió como si respondiese a su pregunta, ella sonrió y se puso a su lado dirigiéndose al instituto.

Al llegar entraron por una puerta gris, enorme y pasaron a un enorme pasillo con montones de cuadros y libros en estructuras de cristal, a Daisy le parecieron pájaros enjaulados que no podían ser libres, subieron por una escalera gris de piedra, hasta que llegaron al octavo piso no pararon, Daisy estaba agotada y se dio cuanta, al cabo de un momento que todo el mundo la miraba, era el centro de atención. Daisy veía un montó de ojos mirándola y con caras de sombro, todos susurraban palabras incomprensibles, le parecía que la trataban como a una persona distinta, una persona que no pintaba nada allí. Lucas estaba delante de ella dirigiéndola hacia su nueva clase.
Cuando estaban desayunando Lucas había oído a Esther y a Eduardo que quizá vendían a Cisco, Lucas se lo había dicho y Daisy se enfado, empezó a gritar a Lucas, ahora que lo pensaba Daisy, ¿estaría Lucas enfadado por haberle gritado? Esperaba que no. Al entrar por la puerta las personas que estaban hablando se callaron, mirando a Daisy igual que los otros, con cara de pocos amigos.
-¡La nueva!-Gritó una niña desde el final de la clase, entonces todo el mundo empezó a cuchichear cosas.
A Daisy le dolía la cabeza, estaba cansada y no quería oír ruidos. Resoplo al ver que la mañana sería así, nada más que sopló una fuerte ráfaga de viento entró por una ventana abierta e hizo que una niña gritase, si no hubiese gritado la gente seguiría pendiente de Daisy, pero como grito la gente empezó a reírse y a señalarla sin hacer ni el más mínimo caso a Daisy. Lucas la agarró lo antes que pudo para sacarla de allí.
-No vuelvas a hacer eso.-Dijo el con una voz increíblemente fuerte.
-¿Hacer qué?- Dijo Daisy extrañada y antes de que Lucas pudiese decir nada una señora vieja entró en la clase y gritó.
-¡Todo el mundo sentado!
Nada más decir esas cuatro cosas todas las personas de la clase se sentaron corriendo excepto Daisy que miro hacia todas partes y solo vio a Lucas estar a su lado, como un perro guardián que protege a su ama. La señora se acarició su pelo canoso, miró a Lucas, frunció el ceño y le dijo.
-Lucas Strauss Patoste, ¿quién es esta señorita que esta aquí de pie? ¿Y tu que haces con ella?-Dijo mientras miraba a Daisy de arriba a bajo, Daisy la miro sonriente hasta que la señora puso cara de malos amigos ella se asustó.
-Pues… lo que pasa es que es la niña nueva y esta viviendo en mi casa…-Dijo Lucas entrecortado ya que empezaron a silbar y a tirar besos al aire él les echó a todos una mirada desafiante, ellos le miraron a él hasta que la profesora se interpuso entre estos y dijo:
-Si, si, si. No hace falta tantos detalles, y ¿Cuáles son tus apellidos?
Daisy la miró y se encogió de hombros y dijo.
-No tengo apellidos, no se quienes son mis padre, murieron cuando yo era pequeña.
La profesora la miro, levanto las cejas. A Daisy le daban miedo sus ojos eran un azul tan claro como el cielo, su pelo era rubio teñido, mas o menos alta y muy delgada.
-Pobrecita, no tiene padres...-Dijo una niña con el pelo largo y rojo amanecer, sus ojos eran azules y con toques marrones y era algo obesa.
-No me gusta que se compadezcan de mi, no tengo ninguna lesión, solo soy huérfana y eso no cambia nada-Le dijo Daisy muy malhumorada.
-Bueno, yo voy a salir para hablar con los padres de Lucas, enseguida vengo, vosotros dos quedaos donde estáis y no os mováis.-Dijo la profesora saliendo ya por la puerta y señalando a Lucas y a Daisy.

Paso un rato hasta que la profesora llego se le veía muy contenta.
-Lucas y Daisy, cuando he hablado con sus padres-señalo a Lucas- me han dicho que os vais a ir a España a vivir, en concreto a Asturias, a su padre- volvió a señalar a Lucas- le han dado un trabajo allí, menos mal que sabes bien español Lucas, tendrás que ir aprendiendo a Daisy español, animo señorita, no es tan difícil-Dijo la profesora, Lucas tenía la boca abierta, lo suficientemente abierta como para que le entrasen treinta moscas. Daisy no sabía donde se encontraba eso, ni sabía donde estaba ella, ni sabía lo que era un avión, ni sabía que era el español a si que no se emociono tanto como Lucas.

Al coger sus cosas se despidieron de Lucas, era muy raro para Daisy ya que a las chicas les daba un beso en la mejilla y a los chicos les daba en el hombro con el puño cerrado, Daisy había leído un libro sobre antropología y según decían, en nivel antropológico, significaba desaprobación, pero con la palma estirada, aprobación. Cuando iban bajando las escaleras Daisy le pregunto.
-¿Por qué a las chicas les das un beso y a los chicos les desapruebas?-Le dijo Daisy mientras Lucas le miraba con una cara de “que me esta contando”.
-¡Ah!-Dijo al comprender lo que significaba, le dedico una sonrisa y levantó el dedo índice y fue explicando el porque- Porque las chicas son damas y son muy débiles y según hace tiempo, los hombres no les pegaban simplemente las respetaban, en cambio los hombres, los unos a los otros, siempre se han pegado. ¿Por qué has dicho lo de desaprobación? ¿Qué es que tienes celos por que bese a las demás chicas y a ti no?-Le dijo con una sonrisita torcida.
-No tiene por que, me refiero a lo de las chicas, no tiene por que una chica ser más fuerte que un chico, seguramente había chicas fuertes, solo que no lo decían y decía que a nivel antropológico, pegarse con la mano cerrada, significa desaprobación, pero con la mano extendida, aprobación. Y no tengo celos, lo que tengo es pena por las chicas, que no a ver más.-Dijo mientras seguía a Lucas, bajaban las mismas escaleras, ya se iba aprendiendo el instituto y no era tan grande como ella pensaba.
Lucas hizo una mueca de disgusto, ella le dio unas palmadas en la espalda, el la miro y sonrió la rodeo por los hombro y le dio un abrazo corto. Salieron por la misma puerta y Daisy pudo distinguir el coche que los había traído durante el camino y también distinguió la cabeza calva de Eduardo
-¿Estáis listos?- Dijo el con una sonrisa en la cara, Daisy montó y luego montó Lucas, esta vez más separada de ella. Al acercarse por el piso, en la parte de atrás había un enorme cartel donde ponía:
ADIOS LUCAS, ESPERO QUE NO TE PASE NADA EN ESPAÑA, CUIDATE”

Capítulo-3

Lucas la miró con el ceño fruncido y la sonrió.
-Ya veo que te estas adaptando muy rápido ¿eh?, seguro que enseguida controlas hasta un ordenador.- Dijo pensativo mientras el ascensor subía despacio.
-¿Un qué?-Le pregunto Daisy confundida.
-¿Sabes lo que es una calculadora?
-¡Claro que lo sé!-Dijo Daisy alterada, cada vez estaba más harta de Lucas y no sabía por que la sacaba de quicio a cada poco.
-Pues es más o menos eso, solo que más grande y con letras.-Dijo Lucas justo cuando las puerta del ascensor se abrieron, está vez Daisy paso delante y Lucas, sonriendo, detrás.
Esta vez el ascensor tardó mucho más ya que estaban en un 6º piso, cuando se abrieron las puertas Daisy vio que estaban en un sitio oscuro que olía muy mal, como a hierro o algo parecido.
-¿Qué es ese olor tan…tan…?-Le pregunto Daisy a Lucas que la estaba mirando con intriga, dio un paso para salir y se encendieron las luces, ella se asustó.
-Tan raro… es gasolina y motor de los coches, no es muy agradable oler este olor, lo se, pero no se puede tener ambientadores en todos los sitios.-Le dijo sonriente a Daisy que estaba perpleja por lo que le contaba. Estaban pasando por unas puertas como las del metro y el ascensor, esta vez Daisy ya no tubo miedo y paso como si nada.
-¿Ambientador?-Dijo Daisy intrigada cada vez con mas palabras nuevas. Ya estaban bajando unas escaleras, la madre de Lucas tenía una sonrisa de oreja a oreja, estaba contenta ¿por algo que había dicho Daisy? O ¿Por qué se alegraba de que ella estuviese allí?, bueno no importaba, había cuatro escaleras delante de ella y las saltó con un salto elegante. En aquel lugar había muchos coches, Daisy había oído que se llamaba “garaje”, se pararon delante de un coche azul con purpurina, era grande y tenía ventanas y espejos que salían de él hacia fuera, Daisy se preguntaba el porqué.
-Sirve para los malos olores, tenemos uno en el coche ya lo veras.-Le dijo a Daisy que ya no se acordaba de lo que estaban hablando antes, Lucas le abrió la puerta e hizo ademán de que entrase, ella se lo pensó dos veces, la madre de Lucas lo arrancó metiendo la llave en una rendija, entonces Daisy entró rápidamente, Lucas se sentó a su lado a pesar de que había más espacio a su derecha, al lado de una ventana. Salieron por una puerta gigante que se abrió cuando su madre apretó un botón para abrirla, cuando salieron fuera empezaron a caer una gotas de agua, primero la lluvia caía lenta pero a medida que avanzaban era más fuerte. Lucas le enseñó a Daisy lo que era un ambientador, a ella le gusto mucho ya que era un olor muy agradable, le recordaba al olor lavanda que había en su jardín. Le estuvo hablando de la fecha en la que se terminaba de verdad el curso, es decir, en junio, y que se pasaba al siguiente curso, digamos que en septiembre se empezaba, eran como diez meses de trabajo y estudio, pero a la vez estaba dividido en trimestres, normalmente las vacaciones estaba entre estos trimestres, a Daisy le pareció un rollo, pensó que por que no harían seis meses de colegio y seis meses de vacaciones, era mejor. Pasaron bastantes minutos que parecieron horas para Daisy, miraba hacia la ventana contemplando el paisaje lleno de edificios, de farolas y de gente, le extraño ver a gente con unos cables que le salían de la oreja al bolsillo ¿o sería al revés? Hubo un momento en el que Daisy no aguantó estar tan callada, busco alguna escusa para hablar y al final se le ocurrió algo.
-¿Qué sueles hacer en el tiempo libre?-Pregunto Daisy sonrojándose, Lucas sonrió al asiento de adelante, se giró y le miró con ojos brillantes.
-Pues esquío y hago balonmano.-Dijo Lucas, Daisy frunció el ceño, Lucas suspiro y estuvo callado un rato hasta que comenzó a explicarle uno por uno.-A ver el esquí es un deporte que se hace en la nieve, para poder esquiar tienes que llevar ropa adecuada de abrigo, mucho mucho abrigo, esquíes que son palos largos y aplastados, con la parte delantera algo levantada para poder esquiar mejor, si eso te enseño unos a donde vamos a ir ahora y palos de esquiar para poder bajar por las pendientes.-Lucas miro a su madre, que tenia el pelo recogido en un moño que se había hecho antes de montar al coche, se le estaba desaciendo poco a poco por el movimiento del coche. Enseguida Lucas volvió a hablar.- El balonmano es un deporte que se juega con balón, un balón es…
-Ya se lo que es un balón, tiene uno Cisco que se lo había hecho Raúl para que jugase en los campos de mi casa, pero viniste tu...-Dijo Daisy mientras vio a su madre empezar a llorar, sus ojos negros se llenaron poco a poco de lagrimas, Lucas pasó de ella, como si no pasase nada. Daisy recordó que Cisco se había quedado en la casa de Lucas con el hermano maleducado y su padre, Daisy no quería que se quedase con el hermano de Lucas, pero el padre le caís bien. Al cabo de un rato Lucas siguió hablando:
-Bueno, pues es un deporte donde coges el balón con las manos y tienes que intentar meter gol en una portería.-Dijo Lucas mirando a Daisy a los ojos, ella se perdía en sus ojos verdes hermosos, él continúo diciendo.-Una portería es una figura rectangular hueca abierta por la parte delantera, sostenida por unos hierros que salen por detrás de ella, tiene una red por detrás que está sujeta a los palos de hierro para parar los balones, pero claro, hay un portero delante, solo que la red sirve para que el balón, si no lo para el portero, lo para la red. Cuando se mete un gol, es decir que se pasa del portero y lo para la red se puntúa un punto, gana quien meta más puntos. Y tu ¿qué sueles hacer en tu tiempo libre?
Daisy estuvo callada unos segundos pensando en lo que le iba a decir, miro por la ventana, ya estaban saliendo de la ciudad por otra autovía y aquel lugar le resultaba muy familiar, no por que ya hubiese pasado por allí si no el lugar en si lo reconocía, al cabo de unos segundos de reflexión le dijo.
-Pues… la verdad lo que suelo hacer es leer, perderme en el horizonte, correr y a veces… Raúl me contaba cosas de mis padres...-Daisy se entrecorto pensando en todo lo que le contaba su amigo: como habían muerto, que cosas hacían... Su madre era veterinaria y el padre medico, habían muerto de una enfermedad llamada cáncer, al menos eso es lo que le había dicho Raúl.-Lo que mas me gusta hacer es perderme en el horizonte, sobre todo en los atardeceres, me encanta ver en esos colores tan hermosos, amarillo y azul, rojo y negro...
Lucas le miro triste y le dio unos golpes suaves en el hombro, para darle fuerzas
Eran demasiados minutos encerrada para Daisy y no aguantaba más, rendida por el viaje se acurrucó en el asiento. Lucas le miraba con sus ojos azules cielo mientas pensaba <<La verdad es simpática, pero todavía tiene que aprender mucho sobre si misma, si, bastante más>> . Pasó un rato largo y el coche aparcó en un rectángulo marcado por unas líneas blancas, poco a poco Daisy fue abriendo los ojos y vio un edificio enorme y ancho, tenía las mismas puertas de siempre, Daisy se pensaba que por que no ponían manuales, <<¿qué es qué no saben abrir una puerta?>>. Lucas se acercó y le dijo lentamente.
-Buenas noches ¿qué tal has dormido?
-Muy bien gracias.-Dijo Daisy irónicamente ya que le dolía mucho la espalda y el cuello.
Bajaron del coche y entraron dentro, por dentro era muy grande y tenía muchas tiendas y la gente no dejaba de venir de aquí para allá con bolsas y más bolsas de ropa, lo primero que hicieron fue ir a por los libros, ya que la madre de Lucas era profesora le hacían un descuento
-¡No entiendo por qué hay que pagar por educar a los hijos y luego, a parte, tenemos que pagar los libros!-Decía la madre de Lucas furiosa
-Mama, si que lo sabes.-Dijo Lucas sonriendo.
Luego fueron a comprar algo de ropa a Daisy, le compraron unos botines azules, otros negros; un vestido morado de una marca llamada Roxy; otro vestido de fresas con otras decoraciones alrededor; bastantes sudaderas de marcas extrañas; unos vaqueros…y muchas más cosas, Daisy se fijo que todo lo que compraban era de marca. Al cabo de unas cuantas horas salieron fuera ya que llevaban doce bolsas por lo menos, las pusieron en una parte del coche que se llamaba trasero y emprendieron su viaje de vuelta . La madre arrancó el coche y fueron por la misma carretera en la que había venido Daisy y vio el cartel que ponía <<Autovía a París>>, y muerta de intriga le preguntó a la madre de Lucas
-Madre de Lucas ¿qué significa autovía?-Pregunto Daisy, la madre no tuvo mas remedio que reírse por haberla llamado madre de Lucas.
-Me llamo Esther, y una autovía es una carretera donde pueden circular coches o motos y como ves tiene dos carriles, uno por donde circulo yo y otra por donde circulan los otros coche que van al centro de donde venimos.-Esther le sonrió con su mejor sonrisa. Daisy agotada de nuevo se durmió, esta vez se durmió en el hombro de Lucas por que no se podía acurrucar bien con todas las bolsas que tenía delante, parte de las bolsas las pusieron hacia delante por que quiso Daisy, Lucas la miro y le sonrió. Él se acurrucó en su cabeza y durmió también.

-Daisy…Daisy… Despierta ya hemos llegado.-Le decía Esther mientras Daisy abría sus ojos legañosos. Daisy olió el mismo olor que había olido al salir de aquel lugar… gasolina y motor de coches como le había informado Lucas. Bajo del coche y subió las cuatro únicas escaleras que había, que servían para entrar por las mismas puertas que conducían al un pasillo del ascensor, las bolsas ya estaban subidas y decidieron subir, calcaron el botón 6 y subieron relajadamente.
Al llegar a casa tiraron las bolsas, literalmente hablando, en el pasillo. Cenaron riendo y hablando y cuando fue hora de irse a la cama lucas dijo.
-¿Dónde duerme Daisy?-Preguntó a su padre. Él se lo pensó un rato y dijo.
-Pues…supongo que contigo no hay ninguna habitación libre…-Dijo el padre de Lucas entrecortado por que Daisy le interrumpió.
-Yo no pienso dormir en la misma cama que el ni loca no soy tan tonta padre de Lucas-Le contesto Daisy, El padre se rió y Lucas dijo en bajo algo pero nadie le escucho.
-Me puedes llamar Eduardo. No hombre crees que yo te dejaría durmiendo con mi hijo en una misma cama, nunca.- Decía mientras les conducía a la habitación de Lucas, él les seguía con la cabeza gacha, pensando en cosas que no tenían que ver con nada de lo que estaba sucediendo en esa casa, estaba discutiendo consigo mismos por algo. Daisy no se había fijado que en su habitación tenía colgados como papel con dibujos de personajes. A Daisy le pareció estúpido. También había divisado una especie de copas que Daisy pudo leer ``CAMPEONATO DE BALONMANO 2008´´.
-¿Qué son estos papeles con dibujos de personajes? ¿Y esas cosas de plata que hay en aquella estantería?-Dijo Daisy señalando cada cosa, Lucas la miro y una sonrisa acudió a su cara, levanto la cabeza e inspiro profundamente.
-A ver los papeles esos, son personajes famosos que me gustan y es como una tradición que tenemos los niños y niñas más o menos de nuestra edad. Y las copas y medallas las gané en balonmano y en esquí.-Dijo mientras inflaba una cosa azul con una aparato extraño para Daisy. Daisy iba a decir una cosa pero Lucas fue más rápido.-Ni siquiera me lo preguntes ya te contesto, esto es donde vas a dormir tú y yo voy a dormir en esta cómoda y mullida cama.-Dijo mientras Daisy adopto una mirada desafiante. La verdad es que le apetecía más dormir en una cama que en una especie de flotador. Lucas se empezó a reír, le guiñó un ojo amistoso y dijo
-Que es broma, tu dormirás en esta cama ya dormiré yo en el colchón inflable.- Lucas le cogió a Daisy del brazo y le empujo al cuarto de baño, allí Lucas le dio un cepillo de dientes.
-¿Sabes como se utiliza?- Le dijo a Daisy como si fuese una tonta. Ella le miro y para demostrarle que no era tan tonta como él pensaba, cogió la pasta de dientes la echó en el cepillo y se puso a lavarse los dientes.
-Vale, vale. No hace falta que te pongas así.-Le dijo mientras le sonreía, después de terminar de asearse
le dieron a Daisy un pijama, pero ella ya estaba preparada. Cogió un pijama que le había regalado Raúl el año pasado, aunque le quedaba un poco pequeño, de todas formas estaba a gusto era muy calentito y su color era azul y con nubes.
-Yo ya estoy, pero antes si me lo permites me puedes dejar leer un poco, siempre lo hago.-Le dijo a Lucas, sacó un libro negro de la mochila .
-Claro que te dejo.-Le dijo, el libro se lo había regalado Raúl, no sabía de donde lo había sacado, pero le gustaba mucho. Se titulaba ``CAZADORES DE SOMBRAS ´´. Era el primer libro que leía de vampiros, hombres lobo, hadas… Le encantaba y era interesante como una chica podía ser un nefilim sin que se enterase, y luego estaba Jace un protagonista de la novela.
-¡Ah! Ya se que libro es ese, me lo mandó comprar mi madre para que alguien lo leyera, nunca me había dicho quien, pero ya lo se. O sea, que tú cumples los años el 31 de Julio.-Dijo Lucas. Ella le miro perpleja, pero siguió leyendo, entrando en su mundo de fantasías.
Llegaron a dar las 00:00 y Daisy seguía leyendo muy concentrada.
-Venga, deja de leer ya, mañana hay colegio, por favor.-Le dijo Lucas cerrándole suavemente el libro y depositándolo en una mesita. Daisy dijo que si con la cabeza, apago la luz. Se acurruco mirando donde estaba Lucas, sonrieron los dos y dijeron a la vez
-Buenas noches.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Capitulo-2

Fue caminando por el bosque, vio animales de todo tipo, lo que más le gustaba eran los conejos que movían su colita redondita.
Habían transcurrido una serie de horas y el estomago de Daisy empezó a rugir de hambre, paro en un árbol a las orillas del río que se acercaba a ella lentamente mientras preparaba dos bocadillos, uno para ella y otro para Cisco, suspiro por todo lo que le había pasado, ¿quien sería ese tal Lucas?, ¿qué quería de ella?, una rafaga de viento la envolvió con olores conocidos, el de los tulipanes y las amapolas. Daisy seguía sin darse cuenta que el río se acercaba cada vez más, le rozó las rodillas y pensando que solo era una coincidencia se separo de él, hasta llegar a otro pino lejos del río y empezó a comer el bocadillo de chocolate que había preparado, Cisco se lo termino pronto, ya que tenía la boca más grande que la de un humano. Cuando terminaron cogieron una fruta de un árbol y se la comieron, Daisy se la dio a Cisco ya que el no podía cogerla. Siguieron caminando, se estaba haciendo de noche y el sol se escondía detrás de Daisy dirigiéndose hacia las montañas y un hermoso atardecer aparecía detrás de ella, se giró y lo contempló con alucinación, nunca había visto unos colores tan hermoso, los rojos y amarillos se mezclaban con los últimos rayos del sol, el azul se volvía a la vez azul marino casi negro, haciéndose poco a poco de noche, pensó en todas las personas que lo estarían viendo, pero resultó ser la única persona que lo estaba viendo, ya que las demás personas estaban demasiado ocupadas con otras cosas mundanas. Daisy oyó varios ruidos de repente, dió una media vuelta y por un segundo se puso nerviosa, unas enormes casas estaban delante de ella y un camino negro con objetos móviles, Cisco la miró con cara de intriga, ella le miró y sonrió
-Ya hemos llegado Cisco. Ya hemos llegado.
Al fin habían llegado, Daisy divisaba una especie de torre de triángulos de color grisáceo, recordaba que Raúl le había dicho que había una torre enorme llamada le tour Eiffel.
Siguió caminando hasta entrar en la ciudad por una carretera de color negro con rayas continuas a los lados y discontinuas por el centro. Unas barras grises metálicas, en sentido horizontal, cerraban el paso a cualquier individuo que pasase por ahí y como no, Daisy estaba allí, asustada, no podía salir y no tenía ni idea de cómo había entrado, simplemente siguió caminando fijándose en la torre y que al cabo de un rato entró por un pasadizo de tierra hasta llegar al camino negro. Vio que los objetos móviles no dejaban de producir ruido por que ella les cerraba el paso, Daisy abrió mucho los ojos y se puso en las orillas por donde no pasaban los objetos móviles, caminó y caminó hasta que vio en un cartel “Autoroute de París”, autovía de París, no tenía ni idea de que significaba autovía, así que se encogió de hombros y siguió su camino hacia la gran ciudad, se dio cuenta de que el ambiente estaba más cargado y que casi ni había estrellas por unas farolas... (si sabía lo que eran unas farolas) que no le permitían ver las estrellas. Los objetos móviles, cada uno de un color diferente, se paraban delante de una caja rectangular amarilla con luces de colores, de esa caja salía un palo que giraba hacia la derecha acercándose a la acera hasta llegar al suelo y clavarse en él. Los colores eran: rojo, verde y amarillo que cuando, como por arte de magia, cambiaban de color, los objetos móviles hacían: si se ponía verde continuaban, si se ponía amarillo iban muy rápido para poder pasar, casi todos lo conseguían y si se ponía rojo paraban y cuando esto ocurría un grupo de personas cruzaban por encima de un paso que estaba pintado por encima del camino, alternaba los colores: negro y blanco, pasaban por delante de los objetos móviles y por debajo de la caja rectangular. Daisy no entendía por que, Cisco miraba de un lado a otro viendo como grupos de personas e individuales caminaba muy rápido sin parar. Daisy por un momento se le había olvidado que tenía que llamar a Lucas y muy despacio y tartamudeando dijo.
-¿Lu…cas?
En ese mismo instante un niño que era más o menos de su altura, de ojos azules color cielo, de pelo de color miel y corto y la piel morena, se le acercó sonriendo, de no se sabía donde, tenía en los dientes un aparato raro que Daisy no distinguía de que color era, solo que brillaba mucho. Él chico llevaba puesto una chaqueta con capucha azul, unos pantalones azules vaqueros y a su espalda llevaba una mochila de color rojo, parecía un chico normal y corriente, o al menos lo aparentaba.
-Perdón, ¿tú eres Lucas?-Dijo Daisy, mientras él hacía una pompa de una especie de mezcla muy pegajosa, azul. Le exploto en la cara, Daisy se rió ya que le cubrió toda la nariz y volvió a coger la mezcla pegajosa con la lengua, mastico un poco y le dijo:
-Si soy yo y tu eres Daisy ¿no?-Dijo sonriente-¿Ya leíste la carta?
-Si ya he leído la carta y no me parece normal lo que has hecho.-Dijo Daisy mirándolo desafiante, le daba igual lo que hubiese puesto en la carta, quería respuestas.
El se rió sin sentido y seguidamente se puso serio ¿por qué se reía?,¿qué tenía de gracioso todo aquello?,¿cómo podía pasar de reírse a estar serio?
-Bien, vamos a mi casa, te presentare a mi familia, y de paso te dejo sitio para dormir.- Le dijo con una sonrisa pícara, la cogió del brazo y la arrastró a la fuerza por la calle. Ella se resistía, pero él tenía mucha más fuerza.
Entraron por un túnel y pararon delante de una especie de serpiente gigante con unos colores blancos y verdes con un conjunto de cristales donde también había unas puertas mecánicas de cristal que se abrían para dejar paso a la gente. Daisy no quería entrar por miedo a que se cerrasen cuando pasase.
-¿Qué es esto?-Pregunto ella con intriga y con miedo, ella le miro y vio a Lucas sonreír.
-Se llama metro y supongo que te preguntaras que son esos objetos móviles. Son coches, no se si te habrás fijado, pero tienen ruedas y son inofensivos, sirven para transportar a la gente de un lugar a otro ya lo entenderás.-Dijo. A Daisy le había fastidiado que le hubiese dicho eso de las ruedas, claro que las veía, ¿acaso estaba ciega?. Se montaron en el metro a Daisy le dio miedo pasar por aquellas puertas. Lucas pasó como si nada y Daisy fue detrás de él casi corriendo, se oyó un pitido y el metro empezó a moverse, Daisy se asustó, veía pasar las luces del túnel muy rápido. Se quitó la mochila y vio a Cisco metida en ella, no podían dejar entrar a animales así que Lucas le dijo que lo metiese en la mochila y dejase un agujero para que pudiese respirar.
<<Calle Rue de Saint-Martin, por favor, que los pasajeros de este destino bajen>>
Lucas la agarró con fuerza y la llevó lejos de la estación pasando por un túnel parecido a otro, solo que era un lugar distinto, no había las mismas calles, se habían movido a otro lugar, era extraño. Daisy vio a lo lejos a un grupo de personas que llevaban ropas demasiado grandes para ellos, también llevaban gorras y gafas negras, <<¿Gafas negras>> pensó Daisy. También enseñaban los calzoncillos bajando los pantalones hasta las nalgas y apretados con un cinturón para que no les callese. Estaban haciendo movimientos por el suelo al son de la música, Daisy enarcó las cejas.
-A eso se le llama hip-hop.-Dijo mirándoles con una pizca de anhelo y empatía. La miró al cabo de un rato y le sonrió, la cogió de la mano y la llevo hacia la derecha hasta llegar a un piso enorme con millones de plantas, o al menos eso le parecía a Daisy, de color marrón. Se acercaron a un porta rectangular con una puerta de cristal por la cual podías ver todo el pasillo. Lucas fue caminando hasta ponerse delante de un marcador cuadrado con muchos botones y calco el 6ºB y se oyó música y después...
-Hombre esta es Daisy, Lucas nos ha hablado mucho de ti. Según nos contó mi padre no te dejaba venir aquí ¿verdad?, bueno lo importante es que estés aquí.-Dijo la voz de un hombre, se oyó una especie de golpe en la puerta y Lucas la abrió, <<¿Cómo lo habrá hecho?>>pensó. Le hizo un gesto para que pasase primero y ella sonrió y pasó. La condució hasta un aparato rectangular gris.
-Se llama ascensor, lo utiliza la gente para no tener que bajar las escaleras, es práctico para la gente que vive en plantas altas y la gente discapacitada.- Dijo mientras picaba en un botón y esté se iluminaba, empezó a oírse ruido y Daisy empezó a abrir más los ojos cuando las puertas se abrieron, Lucas le miro y se subió en él, Daisy hizo el ademán de seguirle, pero seguía teniéndole miedo a esas puerta, se lanzó corriendo a dentro y Lucas rió. Calco un botón que ponía 6, había hasta el 8. El ascensor subió, al momento, paró y salieron los dos del ascensor. Un hombre fuerte, bajito, sin pelo, ojos azules, y con barba les esperaba junto a la puerta, sonriente, la misma sonrisa que Lucas, caminó hacia ellos y le dio un beso a Daisy, ella no tuvo más remedio que emitir un sonido de queja por la barba. Entraron en la casa y vio a una señora que le parecía hermosa, como Daisy se suponía, era su madre. Era alta, con el pelo color miel como el de Lucas y largo como el de Daisy, ojos negros como el carbón, y era mas bien delgaducha. Su hermano pequeño que le parecía tonto por que estaba viendo en una caja cuadrada con unos dibujos moviéndose y cantando que no dejaban de decir tonterías, él niño estaba sentado en un sillón azul de lunares pequeños negros, era todo lo contrario que Lucas pelo marrón algo largo, ojos verdes color botella, muy gordito y algo maleducado por que cuando Daisy entro en la sala de estar le dijo.
-Joder ¿Quién eres? ¿por qué estas aquí? Me he perdido lo que ha dicho Wanda a Timmy seguro que era algo importante. Maldita sea joder.-Dijo el mientras el padre se le acercaba al sillón, al terminar de hablar el padre le quito la televisión y le mando a su habitación sin cenar, el niño empezó a llorar.
-Pero, ¿qué pasa? ¿Por qué le ha castigado?-Dijo Daisy asustada.
-Algunas palabras que ha dicho son palabrotas, es decir, son palabras que insultan a personas. Te acaba de insultar Daisy.-Dijo Lucas con los ojos centellenates.-Ahora ven conmigo que te enseño la casa y luego ya veremos lo que hacemos contigo.
Le llevo por un pasillo con una alfombra muy larga, tenía muchos cuadros, con familiares de Lucas y también una foto muy grande de un perro de color marrón, ojos verdes y el pelaje que había alrededor de un ojo era de color blanco mientras todo su cuerpo era negro, Cisco, que ya había salido de la mochila se acercó al cuadro y empezó a ladrar, como si le tuviese miedo.
-¡Cisco! ¿Qué te pasa? Nunca te has portado así.-Le dijo Daisy intentando tranquilizarle, pero al no parar le grito:
-¡Basta!.
Cisco bajo las orejas y se puso a hacer ruidos de queja, Lucas le cogió en brazos y le acercó al cuadro, Cisco cuando vio que le acercaba al cuadro empezó a ladradar de nuevo y a temblar de miedo.
Daisy muy preocupada le tiro a Lucas del brazo, aunque no consiguió moverle, lo intentó.
-¡Déjale! No ves que tiene miedo. ¿Por qué le acercas al cuadro si ya sabes que le teme?-Dijo Daisy gritándole. El gimió, negó con la cabeza y dejo a Cisco en el suelo, miro a Daisy echándole una mirada desafiante y al cabo de un rato le dedico una sonrisa, su sonrisa.
-Tranquila este perro que hay aquí es su madre y le ladra por que murió cuando el era solo un cachorro-dijo Lucas mirando al pobre Cisco que aun seguía temblando <<¿Por qué temblara?>> y como si Lucas le hubiese leido los pensamientos dijo
-Cuando estaba con su madre le pegaba y un día Raúl decidió cogerlo por que no aguantaba verlo así.
<<¿Qué esta pasando aquí? Es demasiada información en un día, osea que Raúl cogió a Cisco cuando era un cachorro, y encima Lucas estaba con el cuando eso, ¡esto no hay quien lo entienda!>> Pensaba Daisy dándole vueltas a la cabeza. Lucas la miro interrogante y le llevo por un pasillo donde había tres habitaciones una para el, otra para sus padres y la ultima y un poco mas desordenada la de su hermano pequeño. Entraron en la habitación de Lucas, Daisy vio que sus paredes eran de color azul cielo, su cama era bastante grande, el edredón era de color azul con raya negras. En la habitación había tres armarios uno para la ropa, otro para lo juguetes y otro para los abrigos, su habitación no era para nada desordenada, <<vendrá de familia>>pensó Daisy mientras cogía un osito de peluche de color blanco con una cinta marrón en forma de lazo, le parecía muy gracioso y no supo por que pero le daba ganas de abrazarlo.
-Vengo enseguida tengo que hacer una llamada.-Dijo Lucas mientras salía por la puerta, Daisy jugaba con el peluche que tenía en brazos. Al cabo de un rato vio a Lucas por detrás de la puerta medio cerrada hablando por un aparato muy extraño de color negro de forma rectangular y alargada.
-Si el director del instituto Cervantes…vale...-Decía Lucas mientras otro sonido del aparato respondía a lo que decía, no se entendía muy bien pero se sabía que eran palabras-…disculpe director…si ya ha llegado…vale mañana como empezamos el segundo trimestre valdrá ¿no?…va a estar en mi clase ¿no?... vale señor director…adiós.-Dijo mientras colocó el aparato en una especie de soporte que lo sujetaba, también negro. Se dirigió hacia Daisy.
-Mañana vas a venir conmigo a un sitio que se llama instituto en el aprendemos cosas de ahora, por ejemplo, cultura, naturaleza, música, idiomas…vas a conocer a gente a si que hoy vas a venir conmigo y con mi madre a comprar los libros y ropa.-Dijo Lucas mirándola con unos ojos que Daisy no pudo decir que no. Cogió una mochila, le enseño a Daisy como eran los libros y de que iban cada uno de ellos.
-Tienes suerte, empezamos el segundo trimestre en el colegio a si que no pasa nada llegaras como una niña normal corriente solo que con edad mental baja.-Dijo Lucas empezando a reír a carcajadas. A Daisy no le gusto como le hablo de ella por que sabía sumar, restar, leer y cuando Raúl murió estaba empezando a saber cosas sobre dividir, multiplicar y números enteros. <<Ya vera, a lo mejor soy más lista que el>> pensaba Daisy mirándole con cara de darle una colleja y que cerrase esa bocaza que tenía. Al momento la madre entro en su cuarto.
-Lucas, ¿ya has llamado al director?-Dijo la madre con un bolso negro.
-Si, ya le he llamado dice que vaya preparando las cosas para mañana -dijo mirando a Daisy con cara de interesado- hay que ir a comprar cosas para Daisy, no puede ir como una campesina.-Dijo,<<¿Campesina? ¡Si llevo ropa normal!>> Daisy se enfadó, estaba furiosa y una ráfaga de viento entro por una ventana abierta, mientras la madre la cogía a ella y a Lucas y se dirigía hacia la puerta.
-Mira Lucas me estas hartando, ya se que no he estado aquí desde pequeña, pero, tu abuelo me a enseñado cosas ¿sabes? al menos se leer, sumar, restar, escribir y justo cuando tu le mataste me estaba enseñando a multiplicar y dividir.-Dijo Daisy eufórica. Lucas se empezó a reír a carcajadas otra vez, le encantaba su sonrisa pero no su risa. Lucas cogió unas llaves, la madre abrió la puerta y salieron fuera, Daisy vio el ascensor y calcó “le bouton d'appel”, es decir, el botón de llamada.

martes, 2 de agosto de 2011

Capítulo.1

No en París no, un poco más a la derecha, no, no tan lejos, mira ese pequeño bosque donde corretean los cervatillos y donde los conejos comen unos frutos rojos exquisitos, donde un río de aguas mansas fluye a través de aquellos rocajes. Mira un poco hacia tu izquierda, si, si, justo hay, esa casa de troncos de madera antigua, acércate un poco más, ¡lo ves!, esa niña de unos trece años que mira al horizonte, donde el sol ya se esconde y dice adios con sus últimos rayos escondidos entre las montañas llenas de nieve, a su derecha la niña puede ver una gran arboleda que en su interior estaba recorrida por un manso río, a su izquierda un gran campo de fresca hierba rociada por una llovizna repentina, la chica llevaba un vestido corto con medias y un abrigo con capucha, aunque viviese alejada de la tecnología tenía ropa… Cuando se dio cuenta estaba perdida en sus pensamientos: de poder salir de ahí, disfrutar de lo que hay en el mundo… Pues esa niña se llama Daisy, vive con un amigo de sus padres, que al morir ellos, le dijeron a Daisy que debía ir con él. Su vida consta de leer, jugar, vivir aventuras imaginarias... pero le gustaría tener una aventura de verdad, como en sus libros, en los cuales los chicos flirtean con las chicas, hay criaturas extraordinarias y demás cosas... Aunque estuviese lejos de cualquier ciudad, en su corazón siempre había una esperanza muy grande.
-Daisy, es hora de cenar.-Dijo su amigo, Raúl. Daisy se asusto y afirmo con la cabeza, se levanto lentamente y entró en la casa, la puerta era de madera, era de eucalipto. Al entrar podía ver una enorme alfombra roja con dibujos extraños, más o menos como flores, de diferentes colores, las paredes estaban echas de madera oscura, Daisy siempre pensó que era de ébano, tenía colgados unos cuadros pintados por Raúl y unos preciosos muebles de color crema. Giró hacia la derecha y entró en la cocina, era de color blanco, tenía muebles blancos, todos ellos tallados a madera, a Raúl siempre le había fascinado el mundo de la madera, Daisy no lo veía tan extraordinario. Un perro negro se acercó a Daisy, ella le acarició y le dio una galleta que había encima de la mesa, le sonrió y se sentó en una silla.
-¿Qué hay hoy para cenar?-Pregunto Daisy con intriga ya que no olía a nada excepto a chocolate, Raúl se giro, tenía una sonrisa de oreja a oreja que ha Daisy le dejo con sospechas de algo, le entrego un trozo de pastel de chocolate.
-Toma, hoy no me apetecía hacer nada a si que me dije, ¿por que no le hago un pastel?
Daisy se encogió de hombros y empezó a comer, estaba buenísimo. Daisy es una niña hermosa con unos ojos verdes amarronados, pelo castaño y largo.
Raúl es un señor viejo de unos setenta años, tenía una larga barba blanca junto con su pelo también largo y blanco, siempre lleva consigo un colgante de un ángel gris, tiene puesto una bata blanca con sus zapatos blancos y sus pantalones blancos, casi siempre llevaba un blanco reluciente, Daisy no sabía como no se manchaba, ya que ella nada más ponerse blanco se manachaba.
El perro se llama Cisco es un Chow-Chow de ojos azules y pelaje negro, le encanta la fruta y las galletas, el chocolate le chifla.
Después de terminar de comer la tarta Daisy se fue a la cama con Cisco pisándole los talones, subió las escaleras y se encamino hacia su cuarto, la casa no era tan grande como aparentaba por fuera. Tenía una cocina y un salón enorme en la planta de abajo, arriba dos baños y dos habitaciones una para Daisy y otra para Raúl.
-Me voy ya a acostar, no me apetece leer.-Gritó Daisy desde arriba, no hubo respuesta ya que Raúl estaba fregando. Cuando era pequeña, hace mucho tiempo, su padre le había enseñado como se abría un grifo, le encantaba el recuerdo de un hombre cogiendo su mano , abriéndola y haciéndola empuñar una tuerca. Lo que más odiaba Daisy es que no recordaba su cara.
Minutos después cuando Daisy ya estaba medio dormida oyó un ruido, un golpe y un grito de un hombre, un grito de dolor. Bajó corriendo por las escaleras con un libro en la mano, por si acaso, había alguien aparte de Cisco, Raúl y ella. Cisco iba pegado a ella, gimoteando.
Llegaron abajo y vieron a un chico de pelo rubio al que no le distinguió la cara, que nada más verlos se fue corriendo, tirándose por la ventana.
Daisy se fue a la cocina y encima de la mesa estaba Raúl con una espada clavada en el pecho, la sangre salía a borbotones de la herida, Daisy se la arrancó. Comenzó a llorar en bajito, después fue aumentando el volumen hasta que se dio cuenta de que había dos cartas encima de la mesa. Cogió una aun llorando, se fue calmado más y más cuando vio que esa carta era de Raúl. Entonces la otra era de… La miró. Era de un tal Lucas, no sabía quien podría ser a si que, muerta de intriga la leyó:
Querida Daisy:
Hola, supongo que no me conocerás pero yo a ti sí. Me llamo Lucas Strauss Patoste y vengo a sacarte de este lugar, pero no puedo por que está mi abuelo. A sí que vete por el bosque hasta llegar a una enorme ciudad. Cuando estés ahí dentro dí solamente Lucas y yo acudiré a ti.
Besos.
Lucas.
P.D.: Lo siento por lo de mi abuelo me atacó y yo me defendí con lo único que llevaba encima, estoy bastante enfadado, frustrado y triste, a si que, no me lo comentes cuando llegues a la ciudad.
¿Él lo había matado? ¿Por qué? Parecía disgustado pero nunca había que hacerle caso a un desconocido, según le había dicho Raúl “No hagas caso a personas desconocidas” Daisy había pensado en quien iban a ser esas personas si no conocía a nadie más a parte de Raúl y Cisco. <<Bueno ahora toca la de Raúl>> pensó.
Querida Daisy:
Mi amor, espero que no llores por mi, quería que me matasen ya, aunque mi nieto no, la verdad. Mira Daisy haz caso a Lucas, él te ayudará a sobrevivir en la gran ciudad, ya la conocerás es magnífica. Ahora solo quiero que cojas una mochila y que pongas tus pertenencias, va a ser un viaje muy largo y cansado, no tenemos caballos ni burros de carga, pero lleva lo esencial y también quiero que lleves otra cosa mía, vete a mi habitación, debajo de la almohada encontrarás una llave, abre mi baúl y coge el trébol, las tres brujitas y, sobre todo, una foto en la que salimos tu y yo.
Te quiere.
Raúl.
¿Cuándo habría escrito esta carta? ¿Cómo la había escrito si estaba muerto? Daisy ateniéndose a la idea de que sabía que iba a morir comenzó a llorar otra vez, no soportaba verle muerto y menos que le hubiese escrito aquella carta tan bonita. Subió las escaleras aun llorando, llego al piso de arriba cogió una mochila la lleno de sus libros favoritos, ropa y lo que Raúl le había ordenado. Cogió comida para el viaje, y agua aunque sabía que no la iba a necesitar.
Bajo abajo y se dispuso a salir cuando le dio un escalofrío, se le había olvidado algo, ¡LAS BRUJITAS! Subió corriendo por las escaleras y las encontró encima de la cama, sonrió y se las metió en el bolsillo.
Estaba ya saliendo por la puerta, la cerro y miro a Cisco con un brillo especial en los ojos.


Espero que os guste mi primer capítulo, comentad por favor....